Ruiz-Mateos disfrazado de reo

La abeja deja el panal

Se comenta que allá por los años 70, un empresario amigo de José María Ruiz-Mateos, mientras hablaba con él le preguntó:

– “Por lo que dicen de ti, no sé si pensar que eres un ángel o un gangster”.

A lo que el empresario le contestó sonriente:

– “Mitad y mitad”…”mitad y mitad”.

Frase lapidaria que resumiría en parte el perfil de Ruiz-Mateos, recientemente fallecido el pasado día 7. A su historia personal se le uniría una de las historias empresariales más curiosas y una de las judiciales más rocambolescas, donde mezcló el derecho de defensa con el disfraz, frente a decenas de denuncias y querellas por muchos de los delitos que hoy el Derecho penal de la empresa recoge.

Desde 1961 eligió el símbolo de un panal y una abeja para dar imagen a la corporación de sus sueños, Rumasa, un holding que aglutinó más de 600 empresas. Si se preguntaba:

– Financieras? Tenía

– Alimentación? Tenía

– Agricultura? Tenía

– Industrias? Tenía

– Promotoras? Tenía

Tal gigante empresarial, que le convirtió en uno de los hombres más ricos de España al final de los 70; no bastaba. A sus deseos de grandeza sobresalía el llegar a ser, no uno de los, sino el banquero más grande del país, hecho que no se tomaba con gusto en un sector cerrado, tradicional y acotado como era la gran banca. Falta de solera, que dirían en el negocio vinícola.

Su grupo de empresas, aún suponiendo a principios de los 80 casi el 2% del PIB y dar trabajo a cientos de miles de trabajadores, era un gigante con pies de barro, y su caída fue sonada al decidir el gobierno socialista su expropiación en 1983. Irregularidades contables, riesgos excesivos y presumible fraude a Hacienda, del que devendrían las acusaciones de:

  • Evasión de impuestos.
  • Falsedad contable.
  • Estafa, no siendo cierta su cifra de resultados, ni el número de empresas que efectivamente daban beneficios (sólo unas 20 de las 600 sociedades).
Ruiz-Mateos disfrazado de Superman

Una de las míticas apariciones públicas de Ruiz-Mateos con uno de sus míticos disfraces.

La caída del gigante no supuso la de su creador y gestor; José María Ruiz-Mateos se defendió-atacó, incluso físicamente, contra quien consideraba la cabeza visible de su persecución, el ex ministro Miguel Boyer. Como inocente se consideraba hasta que se probase su patrimonio de 700 millones de Euros, y no 30 millones, como defendía; él, inocente hasta que se aclarase deber 120 millones de Euros a Hacienda. Y él, inocente hasta que se probase un déficit de 56 millones frente al superávit de 36 como declaraban sus empresas. Nunca debió de sopesar el ruido que haría su caída en 1983, ni tampoco la de 2011, eterno retorno de la historia. Jamás supondría las acusaciones, el tener que huir de España hasta ser detenido en Alemania. Ni siquiera, nunca, jamás, imaginó que le meterían en la cárcel, pero así fue, en tanto se resolviá su traslado a España.

Pero se sobrepondría; el hombre que trabajaba en la propia cárcel de Preugenshein porque la asignación no le llegaba “ni para pilas” logró reunir 3 millones de Euros a su vuelta en España para pagar su fianza, iniciar su periplo por los tribunales, refundar un nuevo entramado de sociedades y una nueva fase de problemas legales, derivados del intento de financiarse tras la negativa de los bancos en 2008, lo que llevo a una emisión fraudulenta de pagarés y el perjuicio económico para más de 5000 familias.

Ángel y gangster. Y, aún así, Descanse en paz.

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Alberto Lloret Mariño

Licenciado en Derecho y Máster en práctica jurídica por la Universidad de Zaragoza, especializado en Derecho bancario, arbitraje, y penal económico (compliance).

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